Diferencias entre autónomos y empresarios

Xolo
Escrito por Xolo
el junio 16, 2021

En ocasiones los conceptos y las ideas son tan parecidas que conviene examinarlas en profundidad para aprender a diferenciarlas. Esto mismo pasa con los autónomos y empresarios, cuyas metas y esencias no dejan de confundirse constantemente.

En este artículo vamos a analizar de manera detallada los puntos en común y las disimilitudes entre ambos términos. 

¡Comenzamos!

¿Qué significa ser empresario?

Un empresario es un sujeto que emprende un proyecto con el objeto de obtener beneficios económicos. Es decir, se trata de un actor que concibe una idea y asume un riesgo de cara a posibles pérdidas, configurándose muchas veces como sociedad. Por ejemplo, un empresario es el carnicero del barrio, que alquila un local y pone en riesgo su propio capital. 

¿Qué significa ser un autónomo?

El autónomo es un sujeto independiente, que no tiene un superior directo y puede organizar su tiempo como mejor le venga. Este término da sentido al trabajador por cuenta propia, que se enmarca en un régimen exclusivo de cotización. El autónomo viene determinado por el concepto de habitualidad; es decir, ejecuta de manera REGULAR una actividad lucrativa, que pretende ser rentable en el largo plazo. 

Un trabajador que está integrado en el organigrama de una empresa es un intraemprendedor, y opera en el régimen por cuenta ajena. 

Clases de autónomos 

  • Autónomo individual: operan a través del autoempleo, y pueden hacer las contrataciones que quieran. Se dividen en dos categorías principales: los que cotizan por acciones empresariales y los que dirigen un negocio concreto. 
  • Autónomos económicamente dependientes: En este grupo el 75% de los ingresos proviene de única fuente. No emplean a terceros y su cartera de clientes es limitada. Deben firmar un contrato vinculante de trabajador autónomo económicamente dependiente para cumplir con la legislación. 
  • Profesionales freelance: están orientados a profesiones liberales y colegiadas; es decir, hablamos de arquitectos, economistas, ingenieros, abogados, etc. Pueden constituirse o no en un establecimiento, y se les otorga la oportunidad de cotizar mediante su colegio profesional.
  • Autónomos empresarios. Son aquellos que conforman una unidad económica independiente a la hora de prestar determinados servicios. Son responsables de la ejecución y pago de los mismos, así como de las cuotas de cotización y de la gestión integral de la contabilidad. 
  • Autónomo societario o administrador. Es una persona física, representante de una sociedad mercantil y encargado de gestionar esta última. 
  • Autónomo colaborador familiar. Es un profesional que, siendo familiar de un autónomo empresario (hasta segundo grado), trabaja en la misma entidad y está subordinado a este. 
  • Autónomos Agrarios. La última tipología de autónomos recae en aquellos que se ocupan de actividades agrícolas. Los autónomos agrarios disponen de su propio régimen de cotización, llamado “Sistema Especial para Trabajadores por Cuenta Propia Agrarios”. Suelen manejar un importe inferior al del resto de categorías. Para ser considerado un autónomo agrario deben cumplirse los siguientes requisitos:
  • Ser dueños de alguna explotación agraria en donde reciban al menos el 50% de la renta total derivada de dicha explotación.
  • No percibir rendimientos netos que superen el 75% de la base máxima de cotización del Régimen General.
  • Puede contar con una plantilla de trabajadores por cuenta ajena. Sin embargo, también puede realizar personalmente las labores agrarias.

Respecto al pago mínimo de 286 euros (con independencia de los ingresos logrados), hay una serie de estímulos que se vienen aplicando en los últimos 5 años para ayudar a nuevos autónomos a ganar músculo. 

Hablamos, claro está, de la conocida como tarifa plana. Este montante de 67 euros está diseñado para aplicarse en los primeros 12 meses, estableciéndose posteriormente reducciones sobre la cuota mínima del 50%, 30%, para pasar en última instancia al pago del montante INTEGRO. Es una medida efectiva que ha conseguido dar cierta cobertura y flexibilidad, pero que, según ciertas asociaciones, es manifiestamente mejorable. Muchos organismos piden una reducción de la cuota mínima mientras dure el periodo de alta como trabajador por cuenta propia. 

Como apunte, si de entrada te sometes a bases superiores, el primer año se bonificará la cuota de autónomos al 80%. Además, tienes a tu disposición bonificaciones complementarias adicionales, si eres mujer menor de 35 años u hombre por debajo de los 30.

Empresario individual vs. autónomo 

Resulta conveniente confrontar la figura del empresario individual la del autónomo. Es complejo entender el matiz que los diferencia, ya que es sutil y está condicionado a un punto de vista concreto.

En términos conceptuales pueden parecer sinónimos, pero el ministerio de Industria apunta que: "el empresario individual es la persona física que realiza de forma habitual, personal, directa, por cuenta propia y fuera del ámbito de dirección y organización de otra persona, una actividad económica o profesional a título lucrativo, dé o no ocupación a trabajadores por cuenta ajena."

En lo referido a sus obligaciones, tanto empresarios individuales como autónomos han de darse de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) de la Seguridad Social. También deben afrontar sus obligaciones fiscales, tributando por el IRPF. No necesitan aportar un capital social en el momento del alta.  

Con todo esto, podemos asegurar que un empresario individual es un tipo de autónomo. Encontramos mayores diferencias, por ejemplo, al hablar de autónomos y sociedades limitadas, pero esta una cuestión que conviene analizar en otro post. 

Puntos en común entre autónomos y empresarios 

Ambas figuras cumplen necesariamente los siguientes puntos clave: 

  • Gestión de recursos. Autónomos y empresarios organizan libremente sus propios recursos, para poder potenciar sus posibilidades en el mercado y ser verdaderamente productivos. Los recursos en cuestión pueden ser humanos o materiales, en función de las necesidades vigentes. En la mayor parte de los casos se demandan activos humanos, debido al valor añadido que suponen los conocimientos, actitudes y habilidades adquiridas, que ayudan a alcanzar los objetivos marcados. Por ejemplo, los notarios suelen precisar equipos de trabajadores expertos en derecho y asesoramiento. Por otro lado, también son vitales los recursos materiales, como la tecnología que precisa un dentista en su clínica privada. 
  • Participación en el mercado. A través de estos recursos materiales y humanos, empresarios y autónomos no pretenden otra cosa que participar activamente en el mercado. Siempre con ánimo de lucro y aspirando a escalar su modelo de negocio. Dicho de otra manera, no hablamos de actividades personales o familiares, sino de proyectos que pretenden competir y forjar una sólida cartera de clientes. Tomando esto como referencia, y aunque son casos excepcionales, los proyectos sin ánimo de lucro también intervienen en el mercado, percibiendo beneficios y cobrando por determinadas acciones.
  • Autonomía total. Los trabajadores por cuenta ajena operan en el seno de una estructura corporativa, ocupando un lugar definido y concreto en el organigrama. Dependen de las decisiones de la dirección y cumplen con un horario fijo. Los sueldos también son constantes, aunque en ocasiones se producen subidas salariales en base a la categoría profesional. Un autónomo o empresario no está sujeto a esta realidad, y dispone de toda la libertad del mundo para manejar calendarios, rutinas y cartera de clientes. Obviamente esto es atractivo, pero al mismo tiempo supone una serie de riesgos que hay que querer afrontar. 

Puntos diferenciales entre autónomos y empresarios 

  • El autónomo SIEMPRE es una persona física. Mientras que los empresarios pueden configurarse como personas jurídicas, los autónomos son y serán personas físicas.. Un trabajador por cuenta propia nunca será una cooperativa o sociedad, con indiferencia de sus características y finalidades.  
  • El ánimo de lucro. Los autónomos se centran en conseguir beneficios económicos y un crecimiento exponencial a lo largo del tiempo. De no ser así, estaríamos hablando de actividades de índole particular. Los empresarios, pueden apostar por acciones que no persiguen esa finalidad lucrativa, como es el caso de las asociaciones y ONGs. Estas se benefician, a su vez, de notables exenciones en el pago del IVA. 
  • Responsabilidad frente a pérdidas. Los autónomos asumen que deberán responder con su patrimonio personal ante posibles deudas o pérdidas. Por el contrario, los empresarios sufragan esta situación valiéndose exclusivamente de las aportaciones societarias. La Ley de Emprendedores del 2013 impulsó la figura del emprendedor de responsabilidad limitada, en la que no se puede recurrir a la vivienda habitual como método de pago (siempre y cuando no supere los 300.000 euros).  
autónomo

¡Compártelo!